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NOTAS SEGUNDO PARCIAL

Los que sacaron 6 o más promueven el curso.

Brakevitch – 8

García, Gastón – 10

Gallo – 3

Gil – 6

González, Melany – 5

Mautone – 8

Mendiola – 9

Rodríguez, Carolina – 7

Roglia – 11

Silveira – 8

Soria – 5

Mesquita – 9

Sosa – 6

Terra – 7

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MATERIAL FUNDAMENTAL

Los pasos de la decada de crisis están en este power point

Gestido Pacheco Bordaberry

Este es el documental que vimos en clase sobre los tupamaros en el contexto de crisis social politica y
economica de esa epoca

Esa es la primera parte despues pueden ver las siguientes

Las etapas de la dictadura uruguaya pueden verlas en este link

Y este documental de Canal 10 sobre la dictadura es un muy buen material

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Video El fin de las vacas gordas

Este es el video que vimos en clase que explica las causas que llevaron al desmoronamiento del modelo neobatllista

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Algo más sobre el Maracanazo

Para los que quieran saber algo más les dejo el link de este completísimo post de Taringa con textos, fotos y videos sobre la hazaña celeste.

Es muy recomendable,

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Texto del guionista de “El secreto de sus ojos” sobre los jugadores uruguayos de Maracaná

El cuento de Eduardo Sacheri, el autor de la película argentina “El secreto de sus ojos” ganadora del Oscar y por cierto muy recomendable, escribió el cuento “Una sonrisa exactamente así” como un homenaje a la increíble hazaña de aquel país que todo lo podía y que estamos estudiando en el curso de historia.

Este es el cuento

Una Sonrisa Exactamente así – Eduardo Sacheri

Hasta ahora sonreíste siete veces. Por supuesto que las tengo contadas. Hace un rato increíblemente largo que vengo mareándote con mis palabras, por estrategia o por desesperación, y verte sonreír es –me parece- la única huella que puede llegar a indicarme si voy bien o si estoy perdido.

La primera fue la más fácil. Las difíciles fueron desde la segunda en adelante. Tu primera sonrisa fue automática, impersonal. Fue un reflejo de la mía. Casi un acto de imitación involuntaria. Un tipo joven se acerca a tu mesa, se te planta adelante y te dice “hola” mientras sonríe y vos, que estabas absorta mirando hacia fuera, hacia la calle, volvés de tu limbo y contestás aquella sonrisa con una igual, o parecida.

A partir de entonces las cosas se complicaron. Fue mucho más difícil conseguir que soltaras la segunda. Porque este desconocido que era –que sigo siendo- yo, sin dejar de sonreír, te pidió permiso para ocupar la silla vacía de tu mesa. Unos minutos –prometí-, no demasiados. Un rato, porque tenía que decirte algo. Entonces de tu rostro se fue aquella sonrisa, la primera, la del reflejo o el saludo, la que era nada más que un eco de la mía. Y en su lugar quedaron la extrañeza, la incertidumbre, las cejas un poco fruncidas, un ápice de temor. ¿Qué quería este desconocido? ¿De dónde lo habían sacado?

Como te sostuve esa mirada, como aguanté a pie firme este bochorno precisamente por causa y por culpa de esa mirada tuya, no de esa pero sí de otra nacida de los mismos ojos –la que tenías mientras mirabas hacia fuera del café sin ver a nadie, ni a mí ni a los otros, justo cuando yo pasaba corriendo por Suipacha-, como te la sostuve, digo, vi que estabas a punto de decirme que no, que no podía sentarme a tu mesa. ¿Dónde se ha visto que una chica acepte sin más ni más a un desconocido en su mesa, sobre todo si el desconocido tiene el traje desaliñado, la corbata floja y la cara empapada de sudor, como si llevara unas cuantas cuadras lanzado a la carrera?

Ibas a decirme que no, y si no lo habías hecho aún era porque en el fondo te daba algo de pena. Fue por eso, porque se notaba en tu rostro que ibas a decirme que no, aunque te diera pena, que alcé un poco las manos como deteniéndote, y te rogué que me dejaras hablarte de los uruguayos del Maracaná.

Para eso sí que no estabas lista. No había modo de que lo estuvieras. ¿Quién hubiese podido estarlo? Te habrá sonado igual de loco que si te hubiera dicho que quería contarte sobre la elaboración de aserrín a base de manteca o sobre la inminente invasión de los marcianos. Pero la sorpresa tuvo, me parece, la virtud de desactivarte por un instante la decisión de echarme.

Y en ese instante, como en el resto de esta media hora de locos, no me quedó otra alternativa que seguir adelante. ¿Te fijaste cómo hacen los chicos chiquitos, cuando se pegan sigilosos a las piernas de sus madres mientras ellas están atareadas en otra cosa, para que los alcen a upa aunque sea por reflejo y sin distraerse de lo que están haciendo? Más o menos así me dejé caer en la silla frente a vos. Sin dejar de hablar ni de mirarte, y sin atreverme a apoyar los codos sobre la madera, como para que mi aterrizaje no fuese tan rotundo.

Para disimular no tuve más opción que lanzarme a hablar, aunque no supiese bien por dónde empezar y por dónde seguir. Arranqué por la imagen que a mí mismo me cautivó la primera vez que alguien me puso al tanto de esa historia: once jugadores vestidos de celeste en un campo de juego, rodeados por doscientos mil brasileños que los aplastan con su griterío furioso, a punto de empezar a jugar un partido que no pueden ganar nunca.

Te dije eso y tuve que hacer una pausa, porque si seguía amontonando palabras esa imagen iba a perder su fuerza. Y noté que querías seguir escuchando, y no por el arte que tengo para contar, sino porque ese es un principio tan bello y tan prometedor para una historia que a cualquiera que la escuche sólo le cabe seguir atento para enterarse de lo que pasa con esos once muchachos.

Me pareció entonces que era el momento de agregarte algunos datos que te ubicasen mejor en esa trama. Año 1950, te dije, Campeonato Mundial de Fútbol, partido final Brasil-Uruguay, Río de Janeiro, 16 de julio, tres y media de la tarde, te dije.

Esa fue la segunda vez que sonreíste. Una sonrisa extrañada, a lo mejor desconcertada, a lo peor compasiva, pero sonrisa al fin. Ya no tenías temor de que este tipo locuaz de traje gris fuese un asesino serial o un esquizofrénico. Podía ser un idiota, pero en una de esas, no. Y la historia estaba buena. Por eso te seguí pintando el panorama, y te conté que los brasileños llegaban a ese partido final después de meterle siete goles a Suecia y seis a España. Y que Uruguay le había ganado por un gol a los suecos y había empatado con los españoles. Y que con el empate le alcazaba a Brasil para ser campeón del mundo por primera vez.

Ahí yo hice otra pausa, porque me pareció que tenías datos suficientes como para que la historia fuera creciendo en tu cabeza. “¿Sabés qué les dijo un dirigente uruguayo a sus jugadores, antes de salir a jugar la final?”, te pregunté. Vos no sabías, cómo ibas a saber. “-Traten de perder por poco. Intenten no comerse más de cuatro-. Eso les dijo. Les pidió que evitaran el papelón de comerse seis o siete. ¿Te imaginás?”, te pregunté. Y vos moviste la cabeza diciendo que sí, y yo me quise morir viéndote así, porque estabas imaginando lo que yo te estaba contando, y era una estupidez, pero fue entonces, hace veinte minutos, que tuve la intuición fugaz de que era el primer diálogo que teníamos en toda la vida. Vos estabas ahí, o mejor dicho vos estabas ahí dejándome a mí también estar ahí porque te estaba contando de los uruguayos. Era esa historia la que me tenía todavía vivo en el incendio de tus ojos, y por eso te seguí contando.

Esos once muchachos vestidos de celeste entraron a cumplir con un trámite, te dije. El de perder y volverse a casa. Para eso el Maracaná recién estrenado, las portadas de los diarios impresas desde la mañana, el discurso del presidente de la FIFA felicitando a los campeones en portugués, la mayor multitud reunida jamás en una cancha, los petardos haciendo temblar el suelo.

“Con decirte –proseguí- que la banda de música que tenía que tocar el himno nacional del ganador no tenía la partitura del himno uruguayo”, y abriste mucho los ojos, y yo te pedí que no abrieras los ojos así porque podías tumbarme al suelo con la onda expansiva, y esa fue tu tercera sonrisa, con las mejillas un poco rojas asimilando el piropo cursi y suburbano. Supongo que yo –definitivamente enamorado- también me puse colorado, y salí del paso contándote el partido, o lo que se sabe del partido, o lo que no se sabe y todo el mundo ha inventado del partido. Un Brasil lanzado a lo de siempre: a triturar a sus rivales, a engullir seleccionados, a llenarle el arco de goles a todo el mundo, a sepultar rápido los noventa minutos que los separaban de la gloria. Un Uruguay chiquito, un Uruguay estorbo, un Uruguay que molesta y pospone el paraíso. Un Uruguay ordenado y prolijo que le cierra todos los agujeros y los caminos, y un primer tiempo que termina cero a cero pero es casi lo mismo porque el empate le sirve a Brasil.

“Y empieza el segundo tiempo y a los dos minutos –continué- Friaca marca un gol para Brasil”. Entonces fruncí los labios y moví las manos en ese gesto que quiere decir “listo, ya está, asunto terminado”, y que vos interpretaste a la perfección, porque te pusiste un poco triste.

“Imaginate lo que era el Maracaná después del 1 a 0”, agregué. Los uruguayos ya tenían que meter dos goles, y en realidad lo más probable era que Brasil les metiera otros cuatro antes de que esos pobres muchachos consiguieran llegar a la otra área.

Creo que ese fue el momento más difícil. No digo de esa final del Mundo. Me refiero a nuestra charla, o más bien a mi monólogo. Tal vez te suene ridículo –en realidad lo lógico es que todo esto te suene absolutamente ridículo-, pero evocar ese instante del gol de Friaca, con todo el mundo enloquecido y feliz alrededor de esos once uruguayos náufragos me hizo sentir a mí también el frío mortal de la derrota. Y estuve a punto de rendirme, de ponerme de pie, de ofrecerte la mano y despedirme con una disculpa por el tiempo que te había hecho perder. No sé si te ha ocurrido, eso de entusiasmarte hasta el paroxismo con alguna idea que apenas la echás a rodar se vuelve harina y es nada más que pegote entre los dedos. Así quedé yo en ese momento.

Pero entonces me salvó tu cuarta sonrisa. Al principio no la vi, porque me había quedado mirando tu pocillo vacío y el vaso de agua por la mitad. Por eso me preguntaste “¿Y?”, como diciendo qué pasó después, y entonces no tuve más remedio que alzar la vista y mirarte. Tenías la cabeza apoyada en la mano, y el codo en la mesa y los ojos en mí. Y tus labios todavía no habían desdibujado esa sonrisa de curiosidad, de alguien que quiere que le sigan contando el cuento.

No me quedó más remedio –o lo elegí yo, es verdad, pero a veces es más fácil elegir cuando uno piensa que no tiene más remedio- que caminar hasta el fondo del arco y buscar la pelota para volver a sacar del mediocampo. Recién, hace quince minutos, lo hice yo; en el ’50, en Río, lo hizo Obdulio Varela. El cinco. El capitán de los celestes. Te dije que según la leyenda se pasó cinco minutos discutiendo con el árbitro para enfriar el clima del estadio. Pero son tantas las leyendas de esa tarde que si te las contaba todas no iba a terminar nunca. Esos uruguayos, pobres, habrán gastado mucha más saliva, a lo largo de sus vidas, desmintiendo las fábulas de lo que no fue que relatando lo que sí pasó.

Se reanudó el partido. Y yo, contándotelo, hice más o menos lo mismo. A esa altura se supone que está todo dicho y todo hecho –te situé-: Uruguay pudo resistir el primer tiempo completo. Ahora que entró el primer gol tiene que entrar otro más, y otros dos, u otros cuatro. Ahora la historia va a enderezarse y caminar derecha hacia donde debe.

Pero el asunto se escribe de otro modo. Porque ese gol que Friaca acaba de meter no es solamente el primero de Brasil en esa tarde. También es el último. Nadie lo sabe, por supuesto. Ni los brasileños que juegan ni los brasileños que miran ni los brasileños que escuchan. Pero los once celestes sí parecen tenerlo claro.

Tan claro que siguen jugando como si nada. Como si más allá de las líneas de cal se hubiese acabado para siempre el mundo. Tal vez por eso, porque están decididos ni más ni menos que a jugar al fútbol, desborda la camiseta celeste de Ghiggia por derecha, envía el centro y Schiaffino la manda guardar en el arco de Barbosa, que no lo sabe pero acaba de empezar a morir; aunque todavía le falten cincuenta años hasta que de verdad se muera.

No sé si en otros deportes esas cosas son posibles. En el fútbol sí. Nada es para siempre, ni definitivo, ni imposible. ¿Será por eso que es tan lindo? Faltan diez, nueve minutos para que Brasil sea campeón con el empate. Pero Ghiggia se la toca a Pérez que se la devuelve profunda, como en el primer gol, por la derecha, hacia el área. El puntero celeste lo encara a Bigode y lo deja de seña, aunque se acerca peligrosamente al fondo y eso lo deja sin ángulo de disparo. Lo lógico es que Ghiggia tire el centro. Eso es lo que esperan sus compañeros, que le piden impacientes la pelota. Es lo que esperan los defensores brasileños, que tratan de marcarlos. Y es lo que espera el pobre Barbosa, que se mueve apenas hacia su derecha para anticipar el envío.

Ahí vino tu quinta sonrisa. Fue de nervios. Faltó que te pusieras de pie para ver mejor, como hacen los plateístas en la cancha en las jugadas de riesgo. Esa fue la menos mía de todas tus sonrisas. Pero no me molestó, casi al contrario. Esa sonrisa fue toda para Ghiggia, para alentarlo a lograr lo que en apariencia no podía salirle: sacar el balinazo al primer palo, meter el balón entre Barbosa y el poste. Prolongaste tu sonrisa para acompañarlo en su carrera con los brazos en alto, esa carrera a solas, a solas porque sus compañeros simplemente no pueden creer que la pelota haya entrado por donde no había sitio para que entrase.

A esa altura me faltaba contarte poco. El público enmudeció de pavor, y a los jugadores de Brasil el alma se les llenó de malezas heladas. Y ahí llegó tu sexta sonrisa. Esta fue confiada. Ya habías entendido cómo terminaba la historia. Lo único que querías era que te lo confirmase. Te agregué una última leyenda, porque aunque tal vez también esa sea mentira, de todos modos es hermosa. Con el tiempo cumplido, cayó un centro al área de Uruguay. El uruguayo Schubert Gambetta alzó los brazos y tomó la pelota con las manos. Sus compañeros se querían morir. ¿Cómo va a cometer ese penal infantil en una final del Mundo, con el tiempo cumplido? Lo increpan, lo insultan. Gambetta los mira sin entenderlos. Se defiende, tal vez a los gritos, tal vez lo hace llorando. Les dice que miren al árbitro. Les pregunta si no lo escucharon. Porque aunque parezca imposible, Gambetta es el único que ha escuchado el pitazo final. Es el único que ha sido capaz de discriminar de entre todos los ruidos –el de la pelota, el de las voces, el del pánico- el sonido del silbato. Los demás terminan por entender que es cierto: el partido ha terminado, Uruguay es campeón del mundo.

Y cuando hice un segundo de silencio después de la palabra “mundo”, tu séptima sonrisa se iluminó del todo, en el alborozo de saber que esos once muchachos de celeste habían sido capaces de saltar todas las trampas del destino para volverse a Montevideo con la Copa. La tortuga que derrota a la liebre, el mendigo hecho príncipe, David contra Goliat, pero con pelota.

Si hubiese ganado Brasil nadie se acordaría demasiado del 16 de julio de 1950. Lo normal no se recuerda casi nunca. Pero ganó Uruguay, un partido que si se hubiese jugado mil veces Uruguay debería haber perdido novecientas cincuenta y empatado cuarenta y nueve. Pero de las mil alternativas Dios quiso que cayera esta: Uruguay da el batacazo más resonante de la historia del fútbol, y más de medio siglo después yo me acerco a tu mesa y te lo cuento.

Hoy es 28 de julio. Pero si vos ahora me decís que me levante y me vaya, da lo mismo que sea 37 de noviembre. Lo del 37 de noviembre te lo dije recién, hace dos minutos, pero tu sonrisa no llegó a ser porque viste mi expresión seria y te contuviste. Porque ahora hablo más en serio que en todo el resto de esta media hora que llevo sentado enfrente tuyo. Y si vos ahora me decís que me vaya, yo me levanto, dejo tres pesos por el café, te saludo alzando una mano, me mando mudar y sigo por Suipacha para el lado de Lavalle. Y vos de nuevo te ponés a mirar por la vidriera.

Igual andá con cuidado, porque es muy probable que si reincidís en eso de mirar hacia afuera con esos ojos que tenés, otro tipo haga lo mismo que yo, se enamore y entre. Más difícil será que te cuente una historia como esta que acabo de contarte, pero algo se le ocurrirá, mientras intenta no perderte. Pero bueno, pongamos que eso no sucede, y el resto de los hombres te deja en paz, mirando hacia la calle. En ese caso, de aquí a unos minutos se te irán borrando de la memoria los tonos de mi voz y los detalles de mi cara.

Y ahora viene lo más difícil. El problema es que los uruguayos pueden acompañarme hasta aquí y nada más. De ahora en adelante es imposible. Y mirá que, para esos tipos, no parece haber muchas cosas imposibles. Pero lo que falta por hacer es asunto mío. O mío y tuyo, pero no de ellos.

Lo que me falta contarte es el final, o el principio, según se mire. Me falta hablarte de mí, hace media hora, corriendo como un loco por Suipacha hacia Corrientes. Tarde, tardísimo, porque hoy todo me salió al revés desde el momento mismo en que abrí los ojos, esta mañana. El despertador que no sonó, o que me olvidé de poner, el golpe que me di con el borde de la puerta en plena frente, los dos colectivos que pasaron llenos y me dejaron de seña en la parada, el subte que fui a tomar desesperado por no llegar tardísimo al trabajo y que hizo que fuera corriendo por Suipacha desde Rivadavia y no desde Paraguay, y el semáforo de Corrientes que pasa al verde diez segundos antes de que llegue a la esquina y los autos que arrancan y yo que me agacho con las manos sobre los muslos intentando recuperar un poco el aliento, mientras giro de espaldas a la calle y me topo con el bar y con tu codo en la mesa y tu cabeza en la mano y tu mirada en el vidrio pero viendo nada.

No importa lo primero que pensé al verte. O sí, pero no es el momento. Tal vez haya oportunidad, alguna vez, de decírtelo. Depende.

Lo que sí puedo contarte es que en ese momento, mientras me asaltaba el dilema de volverme hacia Corrientes y seguir corriendo hasta Lavalle o entrar a encararte es que vinieron los uruguayos. Llegaron en ese momento. Los once: Máspoli; González y Tejera; Gambetta, Varela y Rodríguez; Ghiggia, Pérez, Migue, Schiaffino y Morán.

Te parecerá tonto, pero esos uruguayos del Maracaná me sirven de talismán. No siempre. Sólo recurro a ellos en situaciones difíciles. A veces recito la formación, como rezando. O me los imagino en el momento de entrar a la cancha con cara de “griten todo lo que quieran, que nos importa un carajo”. O lo veo a Ghiggia en el momento de meter el balón por el ojo incrédulo de la aguja de Barbosa. Si Uruguay pudo en el ’50, me dije… en una de esas quién te dice.

Por eso me desentendí del semáforo y de la calle Corrientes y entré al bar y caminé hasta tu mesa y te sonreí y vos, por reflejo, me devolviste tu primera sonrisa. Pero como te dije hace un rato el problema no son tus primeras siete sonrisas. El asunto es la que viene.

Tengo novecientas noventa y nueve chances de que me digas que me vaya, y una sola de que me pidas que me quede.

Porque ponele que yo ahora termino y vos sonreís: alguien lo mira de afuera y puede decir “¿Y qué tiene que ver que sonría? Puede sonreír porque piensa que estás loco, o que sos un tarado”, y es cierto, puede ser por eso. Y en una de esas es verdad.

Pero también puede ser que no, que sonrías porque te gusté, o porque te gustó la historia que acabo de contarte. O las dos cosas: a lo mejor te gustamos mi historia y yo, y a lo mejor te estás diciendo que en una de esas para vos también este es un día especial. Un día distinto, ese día diferente a todos los otros días en que las cosas se salen de la lógica y la vida cambia para siempre, y a lo mejor pensás eso a medida que yo te lo digo y en tu cabeza se abre la pregunta de si no será una buena idea seguirme la corriente, por lo menos hasta dentro de medio minuto cuanto te invite al cine y a cenar, o hasta dentro de un mes o hasta dentro de un año o hasta dentro de cuarenta.

Y puede que ahora sonrías una sonrisa que me indique a mí, que llevo media hora intentando leer las señales de tu rostro, que hoy no sonó el despertador y me pegué con el filo de la puerta y perdí los colectivos y corrí hasta el subte y vine corriendo desde Rivadavia y me cortó el semáforo y giré y vos estabas sentada en el café nada más que para esto, para que yo me atreva a rozar tu mano con la mía y vos de un respingo y me mires a los ojos con tus ojos como lunas y yo te sonría y vos también me sonrías, pero no con una sonrisa cualquiera sino con esta que te digo y que vos estás empezando a poner, ¿ves? Así: una sonrisa exactamente así.

Eduardo Sacheri

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A favor de la Revolucion Cubana – Raul Romero


 

Han pasado ya cincuenta años desde que la sociedad cubana, encabezada por el Movimiento 26 de Julio, derrocó al dictador Fulgencio Batista y a la oligarquía de la isla. Desde entonces mucho se ha dicho sobre ese proceso que influyó –e influye- en toda América Latina. Sin embargo, ante la crisis[2] que actualmente enfrenta el capitalismo neoliberal, manifestada en una de las más grandes recesiones económicas de la historia, aunado al ascenso de gobiernos de corte socialista en el continente americano, se vuelve indispensable reflexionar sobre los logros y retos que hoy enfrentan la sociedad y el Estado en Cuba; este es el objetivo del presente ensayo. La tarea no fue fácil. Las miles de páginas que se han escrito sobre el tema fueron al principio una fuente de información valiosa. Más tarde, a la hora de discriminar y seleccionar información, se convirtieron en un obstáculo. Por ello, en este escrito intentamos recuperar las generalidades que aparecen en la literatura sobre el tema.

El trabajo se divide en tres partes. En el primer apartado analizamos los logros en materia de educación, salud y vivienda; los cuales son reconocidos como “derechos fundamentales” por la Organización de las Naciones Unidas (ONU). En este punto nos apoyamos con algunos datos estadísticos con la intención de apegarnos lo más posible a la realidad, evitar el autoengaño y argumentar “objetivamente” nuestra posición en cuanto al tema. En la segunda parte analizamos los elementos que marcan la diferencia entre el socialismo cubano y “socialismo realmente existente” reproducido en la hoy extinta Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Al final, planteamos algunas interrogantes y enumeramos parte de las deudas que el Estado cubano tiene con su pueblo.

I. Los logros: educación, salud y vivienda.

Uno de los grandes logros en lo teórico y en lo práctico de la revolución cubana, es que ha sabido transformarse a medida que el orden mundial y las nuevas relaciones sociales se lo exigen. Quizá por ello la revolución cubana ha enfrentado con éxito diferentes momentos críticos de su historia nacional y del continente: desde la etapa de dictaduras neoconservadoras impuestas y financiadas desde Estados Unidos de América en América Latina, los varios intentos por derrocar o asesinar al ex – presidente Fidel Castro –también apoyados por EUA-, hasta la caída del bloque soviético, principal socio económico y aliado político de la mayor de las Antillas.

Dos ejemplos basten para ilustrar este reordenamiento en la política cubana. El Partido Comunista de Cuba (PCC), “fuerza dirigente superior de la sociedad y del Estado”[3], se autodefinió desde su origen como ateo, atendiendo así la premisa marxista que dice que las religiones son el “opio del pueblo”. Este hecho reflejaba un marxismo ortodoxo incompatible con la realidad latinoamericana, la cual se caracteriza por contar con una sociedad mayoritariamente católica. En 1980, como respuesta resultado de la crítica de la sociedad nacional e internacional, el PCC se redefinió como laico[4]. Esta apertura encuentra su máxima expresión en 1998 cuando por vez primera Juan Pablo II (quien fue considerado uno de los responsables del declive del comunismo europeo) visitó Cuba.

Otro de los temas sobre los cuales se han hecho fuertes críticas al Estado cubano, y sobre el cual también se evidencia una apertura en cuanto a las políticas gubernamentales, es el referente a la diversidad sexual. Muchos son los detractores que han calificado de “homofóbico” al gobierno de Fidel Castro, sin embargo no dicen nada cuando se trata de reconocer que desde hace algunos años el gobierno cubano también se sumergió en la batalla por el respeto a las diferencias sexuales. En 2004 el Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex) empezó una amplia campaña por la diversidad sexual, que materializó sus logros en 2008 cuando se celebró en la Isla el Día Mundial contra la Homofobia. Por la misma línea, en marzo de 2009 tuvo lugar la Campaña por el respeto a la libre orientación sexual, evento que concluyó con la firma de la resolución número 126 suscrita por el ministro de Salud Pública José Ramón Balaguer y en la  en la cual se establece la creación de un Centro de Atención a la Salud Integral de las Personas Transexuales. Esta nueva institución se encargará de realizar tratamientos médicos totales o parciales de cambio de sexo.

Pero no es en el área de religión o de sexualidad donde el gobierno cubano ha alcanzado sus máximos logros, sino en garantizar a la sociedad cubana los derechos fundamentales más importantes: alimentación, salud, educación y vivienda.

En materia de salud los logros son innegables. Ilustremos con algunos datos. La alimentación está garantizada por el Estado; mediante la entrega de una canasta básica se asegura la ingesta necesaria de proteínas, carbohidratos y grasas; componentes de una alimentación sana (conocidos en la nutriología como macronutrientes). La esperanza de vida al nacer en Cuba es de 77 años y por cada 158 habitantes existe un médico. En 2005 el porcentaje del Producto Interno Bruto destinado a los servicios de salud en Cuba representó el 7.1%, mientras que en México para el mismo año fue de 6.4%. De igual forma, el porcentaje del gasto total en salud por parte del gobierno cubano en el mismo año fue de 90.8%, mientras que el gobierno de los EUA únicamente cubrió 45.1% y el mexicano el 45.5%[5]. Cierto es que las diferencias demográficas y económicas entre estos países son enormes, pero el ejemplo nos es útil si se trata de señalar el compromiso que el gobierno cubano tiene en este campo.

El sistema de salud de Cuba tiene cuatro niveles: el médico de la familia, que vive a unas cuantas cuadras de la casa; el policlínico del barrio; el hospital del la zona; y los institutos especializados. Los servicios de salud son gratuitos, incluyendo los de tecnología avanzada. No está por demás decir que en esta materia aun existen fuertes problemáticas; basta mencionar la inexistencia o escasez de ciertos medicamentos, insumos y equipos médicos, lo anterior como consecuencia del bloqueo económico impuesto y ratificado por los distintos gobiernos de EUA desde 1962 y que a la fecha se calculan en 93,000 millones de dólares las pérdidas, según datos del gobierno encabezado por Raúl Castro.

En educación los logros también son irrefutables. Como resultado de la Campaña Nacional de Alfabetización y Postalfabetización iniciada desde 1959, Cuba se autoproclamó como Territorio Libre de Analfabetismo el 22 de diciembre de 1961. La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura –UNESCO, por sus siglas en inglés- señala que el 99.8% de los cubanos mayores de 15 años saben leer y escribir, porcentaje que alcanza el 100% en la población entre 15 y 24 años[6].

Como es sabido, Cuba es un “Estado socialista” y casi todos los bienes de la nación y que de sus tierras y mares se obtienen son propiedad de la sociedad y administrados por el Estado, sin embargo, éste reconoce la necesidad que el pueblo sea propietario de sus viviendas. El artículo noveno constitucional dice que el Estado trabajará para que cada familia “tenga una vivienda confortable”; punto que es ratificado en la Ley General de la Vivienda:

“La propiedad personal de la vivienda debe entenderse en el verdadero sentido de esa forma de propiedad en las condiciones concretas de construcción del socialismo en nuestro país, es decir, esencialmente como el derecho de disfrutar de una vivienda por el propietario y su familia, sin pago alguno después de abonar su precio, sin que en ningún caso puede el derecho de propiedad personal de la vivienda convertirse en un mecanismo de enriquecimiento ni de explotación.”[7]

Varios especialistas en el tema han dirigido su crítica al sistema cubano señalando que estos logros se han conquistado a costa de la libertad individual o de restricciones políticas. En el siguiente apartado analizamos cómo esas libertades democráticas también son un hecho en Cuba, aunque aun tienen algunas deficiencias.

II. Liberación, emancipación y democracia: construyendo un nuevo socialismo

La libertad y la democracia son valores que se refuerzan y se vuelven bandera en la  modernidad. El proyecto ilustrado se propuso liberar a los hombres de las cadenas del oscurantismo y construir redes de redistribución del poder en nombre de la igualdad. Libertad, igualdad y fraternidad fueron las banderas de la Revolución francesa, símbolos de transición social y de ruptura con el sistema anterior. Sin embargo –como ya lo señalaron Adorno y Horkeimer[8]-, esta misma modernidad civilizada y racional, en lugar de promover la liberación de las naciones, reprodujo las formas más crueles de esclavitud y discriminación racial; “capitalismo salvaje” como lo llama Samir Amin[9]. El liberalismo-capitalista hizo de la libertad su emblema. Pero, como ya señaló Marx desde hace dos siglos, se limita solamente a la libertad de mercado, por lo que la “libertad” es degenerada en mercancía a la que sólo tienen acceso aquellos quienes pueden pagarla.

Como en muchos de los países que fueron colonia, en Cuba la lucha por la libertad pasa por la lucha de liberación nacional. El movimiento que se levantó contra la dictadura de Batista evidenció la sobrevivencia de estructuras impuestas desde la colonia que imposibilitaban el desarrollo integral de la nación y fortalecían la dependencia ya no hacia el Imperio español, sino hacia el imperialismo construido desde los EUA. El antropólogo mexicano Jorge Alonso señala al respecto que “la lucha de la sociedad cubana es un ejemplo de emancipación, de liberación del dominio imperialista norteamericano y de dignidad en la autodeterminación”[10]

Este antiimperialismo distintivo de la Revolución en Cuba fue, junto al humanitarismo, el argumento principal para tender lazos solidarios con otros pueblos del mundo: apoyo logístico, asistencia médica, ayuda en procesos de alfabetización y otras formas de solidaridad son parte del “capital social” que Cuba ha dado a los pueblos que también buscan conquistar una independencia y soberanía real.

En los años recientes, cientos de maestros cubanos ayudaron a los gobiernos de Venezuela y Bolivia en su lucha contra el analfabetismo. Hoy, estos tres países son los únicos libres de analfabetismo en América Latina. No está por demás decir que en mayo de 2009 la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas, a través de su Presidente Miguel d’Escoto, informó la designación de Cuba como “Paradigma de Solidaridad Internacional”.

No es diferente dentro de la isla. La cultura de la solidaridad se encuentra muy asentada en la mayor parte de la sociedad cubana. Los lazos que le unen son tan fuertes que igual les hacen responder rápidamente a los ciclones y huracanes que constantemente azotan a la Isla, que estar preparados para cualquier amenaza de guerra. Pero la revolución cubana plantea no sólo una lucha por liberación nacional, sino que al mismo tiempo se pone al frente la idea de emancipación. Desarrollemos esta idea.

En la Grecia antigua los esclavos y las mujeres eran excluidos en la toma de decisiones que garantizaban el “bien común”. Participar en esta democracia era exclusivo de los hombres “buenos y justos” con propiedades. El “gobierno del pueblo” (demoskratos) era en realidad el gobierno de un grupo privilegiado. Con el asenso y triunfo del liberalismo como ideología política y el capitalismo como doctrina económica, se da una apertura en los canales de participación. La figura del esclavo fue eliminada y a la mujer se le fue insertando gradualmente en las democracias electorales.

El obrero o proletario, dueño únicamente de su fuerza de trabajo, conquistó mediante la organización derechos fundamentales que marcan una diferencia radical con la forma de vida del esclavo. Pero al no poseer los medios de producción, enajena su fuerza de trabajo y destina el mayor tiempo de su vida a buscar el mínimo indispensable para la sobrevivencia de él y su familia. Si en la antigüedad los esclavos estaban excluidos de la condición de ciudadanía por no ser propietarios, en la modernidad los obreros tampoco gozan de ese atributo por no poder comprarlo. Las cadenas de metal que mantenían atado al esclavo son sustituidas por el hambre, la miseria y la explotación del obrero. Ambos están impedidos para emanciparse y realizarse como sujetos mientras permanezcan atados.

Estas cadenas fueron rotas en Cuba; país donde el hambre, la miseria y la explotación no existen. Desde el triunfo de la revolución se planeó construir una sociedad donde la condición de ciudadano no se convierta en una forma de mercancía, donde la democracia no sea más un instrumento a través del cual una minoría explotadora ejerce su dominación.

Podemos identificar tres diferentes momentos de la Revolución Cubana. El primero se caracteriza por la existencia de un fuerte movimiento popular con la idea de liberación nacional como bandera. En la segunda etapa (1962) vemos el nacimiento de un nuevo estado que se autoproclama marxista-leninista y que encuentra en la Unión Soviética un aliado estratégico comercialmente hablando, pues en la misma etapa fue expulsado de la Organización de los Estados Americanos (OEA). Es también en este segundo periodo cuando el Estado cubano comienza a vivir una descentralización en varias de sus funciones. Luego del fracaso de los 10 millones de de toneladas de zafra en 1970[11], el gobierno de Cuba percibe los inconvenientes de los métodos burocráticos y del centralismo administrativo. Se inicia entonces la creación de la Asamblea Nacional del Poder Popular con el objetivo de descentralizar todas aquellas áreas en las que la autoridad municipal puede tomar decisiones sin que estas resulten opuestas o contradictorias a los intereses del Estado. Los municipios adquieren una autonomía que les permite administrar escuelas, centros de salud, servicios de transporte, carreteras y unidades de producción.     

La tercera etapa comienza con la crisis de la URSS, fenómeno que afecta directamente en la economía de la isla. Sin embargo este proceso también evidencia la fortaleza del sistema político cubano, pues quedó claro que no era un sistema importado, que es un producto de su propia historia y no una extensión del socialismo europeo. El discurso beligerante contra Cuba por parte del gobierno norteamericano también mutó en esta fase. El argumento de la “amenaza para la seguridad” fue sustituido por el de “promoción de la democracia”.

La democracia ejercida en Cuba tiene una fuerte perspectiva popular, en contraposición a la democracia electoral característica de occidente. Pero lo anterior no impide la realización de elecciones, las cuales refuerzan la legitimidad de esa democracia popular.

En Cuba todas las personas pueden votar y ser votadas cumpliendo los 16 años. Los candidatos son elegidos por los consejos populares (uno por cada barrio). Para cada puesto se proponen como mínimo dos candidatos y ocho como máximo. Para ser electo hay que recibir más del 50% de los votos. No existen campañas electorales. La labor de difusión realizada por las comisiones electorales. Se garantiza así la parcialidad y el trato equitativo de todos los candidatos.

El voto es libre, secreto y directo. El colegio electoral se encarga de realizar el escrutinio y desde hace por lo menos tres décadas siempre hay un gran número de ciudadanos cubanos, diplomáticos, periodistas y observadores extranjeros. Aunque el voto es voluntario, desde 1970 a la fecha se ha registrado la participación de más del 90% de la población en edad de votar. Ningún representante, diputado o delegado recibe un beneficio por desempeñar su cargo; el Estado les paga un salario exactamente igual al que tenían en sus trabajos antes de desempeñar su cargo, empleo al que regresaran una vez finalizado su mandato. La rendición de cuentas y el mandato revocatorio son un componente importante del sistema electoral.  

Una de las características de la sociedad cubana es su fuerte cultura del debate y el diálogo. Por las calles de la Habana o en las plazas públicas, pueden encontrarse a grupos de cubanos y cubanas discutiendo sobre varios temas. En las “guaguas” el silencio no existe. La gente interactúa, opina, y si no está de acuerdo, discute. Los tonos verbales llegan a ser muy altos. Un número amplio de cubanos se agrupa en distintas organizaciones, las cuales tienen peso importante en las decisiones del Estado.

SISTEMA POLÍTICO CUBANO

Organizaciones políticas

Organizaciones estatales

Organizaciones de masas y asociaciones

Partido Comunista Cubano (PCC)

 

 

 

 

 

Unión de Jóvenes Comunistas (UJC)

Asamblea Nacional del Poder Popular

   

    – Consejos populares

    – Asambleas municipales

    – Asambleas provinciales

 

Órganos de Gobierno

 

 

 

Institutos Armados

 

 

 

Órganos de Administración de Justicia

Central de Trabajadores de Cuba (CTC)

 

Federación Estudiantil Universitaria (FEU)

 

Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP)

 

Comités de Defensa de la Revolución (CDR)

 

Federación de Mujeres Cubanas (FMC)

 

Federación Estudiantil de Enseñanza Media (FEEM)

 

Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana (ACRC)

La idea de una sociedad democrática había sido un tema tabú para los grupos más ortodoxos del “socialismo burocrático”. Todo aquel que se atrevía a defender los principios democráticos era catalogado como “agente del imperialismo” o impulsor de la “democracia burguesa”. Cuba se fue moviendo en una dirección que parecería muy heterodoxa frente a las doctrinarias del “socialismo real”. Se entendió la necesidad de un nuevo socialismo, pero también y fundamentalmente, la urgencia de la democracia en el socialismo. Así, Cuba dio una lección para los movimientos armados o sociales que le siguieron: más que ajustarse a la doctrina, es necesario ajustar la doctrina a los hechos.

El programa ideológico que se impulsa y defiende desde la tierra de Martí ha sabido integrar y combinar en su proyecto elementos como la liberación, la democracia, la emancipación y el socialismo[12], pilares fundamentales en la construcción de un mundo más justo. Estos elementos, junto a la descentralización de la justicia y la administración, marcan una diferencia radical con el socialismo burocrático estalinista.  

III Los retos: sistema de partidos y relevo generacional.

“La Revolución tiene obstáculos por delante, no puede hacer las cosas a la perfección, tiene sus errores, pero la Revolución tiene un perenne propósito de superarse y rectificar aquellas cosas que no hayan acertado”[13], reconoció Fidel Castro desde los inicios de la revolución. El “hombre nuevo” del Che es un hombre que se equivoca, comete errores; su virtud radica en saber reconocerlos.

Hoy, cincuenta años después del triunfo de la Revolución, al Estado cubano se le plantean interrogantes como el sistema de partidos o la alternancia en el poder. Cierto es que estos puntos no garantizan una sociedad democrática. Aún así, pienso que el pueblo cubano se ha forjado una conciencia revolucionaria tan fuerte que hoy puede abrirse a estás “libertades políticas” y reforzar la legitimidad sus logros.

Hace apenas unos años esto era algo imposible: la amenaza constante de guerra le obligaba a poner ciertos candados en su sistema. Pero hoy, ante la nueva geopolítica y el posible cambio en la política exterior de EUA, son preguntas que la Revolución debe replantearse.

De igual forma, el relevo generacional y las nuevas relaciones sociales sacan a flote algunas contradicciones. Lo seductor de lasociedad de consumo también ha permeado en el pueblo de Cuba. La apertura mediática y el contacto con el turismo ha despertado en más de un cubano la curiosidad por la libertad del mercado. Las contradicciones propias de la revolución se presentan nuevamente.

Los cambios parecen impostergables y de cierta forma el Estado también ha seguido revolucionándose. Pero todos estos retos no son alcanzables si el embargo económico y la amenaza de guerra por los EUA siguen latentes. En esto depende Cuba de sus aliados internacionales: únicamente con la consolidación de los nuevos bloques que desde el sur se construyen, que garanticen una seguridad económica y política al exterior, nace la posibilidad de una mayor flexibilización del Estado cubano.

Cuba no es un modelo a imitar, pero si un referente del cual aprender, tanto de los triunfos como de los fracasos. Las revoluciones no se exportan, nacen y tienen características diferentes en cada país.


 

Han pasado ya cincuenta años desde que la sociedad cubana, encabezada por el Movimiento 26 de Julio, derrocó al dictador Fulgencio Batista y a la oligarquía de la isla. Desde entonces mucho se ha dicho sobre ese proceso que influyó –e influye- en toda América Latina. Sin embargo, ante la crisis[2] que actualmente enfrenta el capitalismo neoliberal, manifestada en una de las más grandes recesiones económicas de la historia, aunado al ascenso de gobiernos de corte socialista en el continente americano, se vuelve indispensable reflexionar sobre los logros y retos que hoy enfrentan la sociedad y el Estado en Cuba; este es el objetivo del presente ensayo. La tarea no fue fácil. Las miles de páginas que se han escrito sobre el tema fueron al principio una fuente de información valiosa. Más tarde, a la hora de discriminar y seleccionar información, se convirtieron en un obstáculo. Por ello, en este escrito intentamos recuperar las generalidades que aparecen en la literatura sobre el tema.

El trabajo se divide en tres partes. En el primer apartado analizamos los logros en materia de educación, salud y vivienda; los cuales son reconocidos como “derechos fundamentales” por la Organización de las Naciones Unidas (ONU). En este punto nos apoyamos con algunos datos estadísticos con la intención de apegarnos lo más posible a la realidad, evitar el autoengaño y argumentar “objetivamente” nuestra posición en cuanto al tema. En la segunda parte analizamos los elementos que marcan la diferencia entre el socialismo cubano y “socialismo realmente existente” reproducido en la hoy extinta Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Al final, planteamos algunas interrogantes y enumeramos parte de las deudas que el Estado cubano tiene con su pueblo.

I. Los logros: educación, salud y vivienda.

Uno de los grandes logros en lo teórico y en lo práctico de la revolución cubana, es que ha sabido transformarse a medida que el orden mundial y las nuevas relaciones sociales se lo exigen. Quizá por ello la revolución cubana ha enfrentado con éxito diferentes momentos críticos de su historia nacional y del continente: desde la etapa de dictaduras neoconservadoras impuestas y financiadas desde Estados Unidos de América en América Latina, los varios intentos por derrocar o asesinar al ex – presidente Fidel Castro –también apoyados por EUA-, hasta la caída del bloque soviético, principal socio económico y aliado político de la mayor de las Antillas.

Dos ejemplos basten para ilustrar este reordenamiento en la política cubana. El Partido Comunista de Cuba (PCC), “fuerza dirigente superior de la sociedad y del Estado”[3], se autodefinió desde su origen como ateo, atendiendo así la premisa marxista que dice que las religiones son el “opio del pueblo”. Este hecho reflejaba un marxismo ortodoxo incompatible con la realidad latinoamericana, la cual se caracteriza por contar con una sociedad mayoritariamente católica. En 1980, como respuesta resultado de la crítica de la sociedad nacional e internacional, el PCC se redefinió como laico[4]. Esta apertura encuentra su máxima expresión en 1998 cuando por vez primera Juan Pablo II (quien fue considerado uno de los responsables del declive del comunismo europeo) visitó Cuba.

Otro de los temas sobre los cuales se han hecho fuertes críticas al Estado cubano, y sobre el cual también se evidencia una apertura en cuanto a las políticas gubernamentales, es el referente a la diversidad sexual. Muchos son los detractores que han calificado de “homofóbico” al gobierno de Fidel Castro, sin embargo no dicen nada cuando se trata de reconocer que desde hace algunos años el gobierno cubano también se sumergió en la batalla por el respeto a las diferencias sexuales. En 2004 el Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex) empezó una amplia campaña por la diversidad sexual, que materializó sus logros en 2008 cuando se celebró en la Isla el Día Mundial contra la Homofobia. Por la misma línea, en marzo de 2009 tuvo lugar la Campaña por el respeto a la libre orientación sexual, evento que concluyó con la firma de la resolución número 126 suscrita por el ministro de Salud Pública José Ramón Balaguer y en la  en la cual se establece la creación de un Centro de Atención a la Salud Integral de las Personas Transexuales. Esta nueva institución se encargará de realizar tratamientos médicos totales o parciales de cambio de sexo.

Pero no es en el área de religión o de sexualidad donde el gobierno cubano ha alcanzado sus máximos logros, sino en garantizar a la sociedad cubana los derechos fundamentales más importantes: alimentación, salud, educación y vivienda.

En materia de salud los logros son innegables. Ilustremos con algunos datos. La alimentación está garantizada por el Estado; mediante la entrega de una canasta básica se asegura la ingesta necesaria de proteínas, carbohidratos y grasas; componentes de una alimentación sana (conocidos en la nutriología como macronutrientes). La esperanza de vida al nacer en Cuba es de 77 años y por cada 158 habitantes existe un médico. En 2005 el porcentaje del Producto Interno Bruto destinado a los servicios de salud en Cuba representó el 7.1%, mientras que en México para el mismo año fue de 6.4%. De igual forma, el porcentaje del gasto total en salud por parte del gobierno cubano en el mismo año fue de 90.8%, mientras que el gobierno de los EUA únicamente cubrió 45.1% y el mexicano el 45.5%[5]. Cierto es que las diferencias demográficas y económicas entre estos países son enormes, pero el ejemplo nos es útil si se trata de señalar el compromiso que el gobierno cubano tiene en este campo.

El sistema de salud de Cuba tiene cuatro niveles: el médico de la familia, que vive a unas cuantas cuadras de la casa; el policlínico del barrio; el hospital del la zona; y los institutos especializados. Los servicios de salud son gratuitos, incluyendo los de tecnología avanzada. No está por demás decir que en esta materia aun existen fuertes problemáticas; basta mencionar la inexistencia o escasez de ciertos medicamentos, insumos y equipos médicos, lo anterior como consecuencia del bloqueo económico impuesto y ratificado por los distintos gobiernos de EUA desde 1962 y que a la fecha se calculan en 93,000 millones de dólares las pérdidas, según datos del gobierno encabezado por Raúl Castro.

En educación los logros también son irrefutables. Como resultado de la Campaña Nacional de Alfabetización y Postalfabetización iniciada desde 1959, Cuba se autoproclamó como Territorio Libre de Analfabetismo el 22 de diciembre de 1961. La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura –UNESCO, por sus siglas en inglés- señala que el 99.8% de los cubanos mayores de 15 años saben leer y escribir, porcentaje que alcanza el 100% en la población entre 15 y 24 años[6].

Como es sabido, Cuba es un “Estado socialista” y casi todos los bienes de la nación y que de sus tierras y mares se obtienen son propiedad de la sociedad y administrados por el Estado, sin embargo, éste reconoce la necesidad que el pueblo sea propietario de sus viviendas. El artículo noveno constitucional dice que el Estado trabajará para que cada familia “tenga una vivienda confortable”; punto que es ratificado en la Ley General de la Vivienda:

“La propiedad personal de la vivienda debe entenderse en el verdadero sentido de esa forma de propiedad en las condiciones concretas de construcción del socialismo en nuestro país, es decir, esencialmente como el derecho de disfrutar de una vivienda por el propietario y su familia, sin pago alguno después de abonar su precio, sin que en ningún caso puede el derecho de propiedad personal de la vivienda convertirse en un mecanismo de enriquecimiento ni de explotación.”[7]

Varios especialistas en el tema han dirigido su crítica al sistema cubano señalando que estos logros se han conquistado a costa de la libertad individual o de restricciones políticas. En el siguiente apartado analizamos cómo esas libertades democráticas también son un hecho en Cuba, aunque aun tienen algunas deficiencias.

II. Liberación, emancipación y democracia: construyendo un nuevo socialismo

La libertad y la democracia son valores que se refuerzan y se vuelven bandera en la  modernidad. El proyecto ilustrado se propuso liberar a los hombres de las cadenas del oscurantismo y construir redes de redistribución del poder en nombre de la igualdad. Libertad, igualdad y fraternidad fueron las banderas de la Revolución francesa, símbolos de transición social y de ruptura con el sistema anterior. Sin embargo –como ya lo señalaron Adorno y Horkeimer[8]-, esta misma modernidad civilizada y racional, en lugar de promover la liberación de las naciones, reprodujo las formas más crueles de esclavitud y discriminación racial; “capitalismo salvaje” como lo llama Samir Amin[9]. El liberalismo-capitalista hizo de la libertad su emblema. Pero, como ya señaló Marx desde hace dos siglos, se limita solamente a la libertad de mercado, por lo que la “libertad” es degenerada en mercancía a la que sólo tienen acceso aquellos quienes pueden pagarla.

Como en muchos de los países que fueron colonia, en Cuba la lucha por la libertad pasa por la lucha de liberación nacional. El movimiento que se levantó contra la dictadura de Batista evidenció la sobrevivencia de estructuras impuestas desde la colonia que imposibilitaban el desarrollo integral de la nación y fortalecían la dependencia ya no hacia el Imperio español, sino hacia el imperialismo construido desde los EUA. El antropólogo mexicano Jorge Alonso señala al respecto que “la lucha de la sociedad cubana es un ejemplo de emancipación, de liberación del dominio imperialista norteamericano y de dignidad en la autodeterminación”[10]

Este antiimperialismo distintivo de la Revolución en Cuba fue, junto al humanitarismo, el argumento principal para tender lazos solidarios con otros pueblos del mundo: apoyo logístico, asistencia médica, ayuda en procesos de alfabetización y otras formas de solidaridad son parte del “capital social” que Cuba ha dado a los pueblos que también buscan conquistar una independencia y soberanía real.

En los años recientes, cientos de maestros cubanos ayudaron a los gobiernos de Venezuela y Bolivia en su lucha contra el analfabetismo. Hoy, estos tres países son los únicos libres de analfabetismo en América Latina. No está por demás decir que en mayo de 2009 la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas, a través de su Presidente Miguel d’Escoto, informó la designación de Cuba como “Paradigma de Solidaridad Internacional”.

No es diferente dentro de la isla. La cultura de la solidaridad se encuentra muy asentada en la mayor parte de la sociedad cubana. Los lazos que le unen son tan fuertes que igual les hacen responder rápidamente a los ciclones y huracanes que constantemente azotan a la Isla, que estar preparados para cualquier amenaza de guerra. Pero la revolución cubana plantea no sólo una lucha por liberación nacional, sino que al mismo tiempo se pone al frente la idea de emancipación. Desarrollemos esta idea.

En la Grecia antigua los esclavos y las mujeres eran excluidos en la toma de decisiones que garantizaban el “bien común”. Participar en esta democracia era exclusivo de los hombres “buenos y justos” con propiedades. El “gobierno del pueblo” (demoskratos) era en realidad el gobierno de un grupo privilegiado. Con el asenso y triunfo del liberalismo como ideología política y el capitalismo como doctrina económica, se da una apertura en los canales de participación. La figura del esclavo fue eliminada y a la mujer se le fue insertando gradualmente en las democracias electorales.

El obrero o proletario, dueño únicamente de su fuerza de trabajo, conquistó mediante la organización derechos fundamentales que marcan una diferencia radical con la forma de vida del esclavo. Pero al no poseer los medios de producción, enajena su fuerza de trabajo y destina el mayor tiempo de su vida a buscar el mínimo indispensable para la sobrevivencia de él y su familia. Si en la antigüedad los esclavos estaban excluidos de la condición de ciudadanía por no ser propietarios, en la modernidad los obreros tampoco gozan de ese atributo por no poder comprarlo. Las cadenas de metal que mantenían atado al esclavo son sustituidas por el hambre, la miseria y la explotación del obrero. Ambos están impedidos para emanciparse y realizarse como sujetos mientras permanezcan atados.

Estas cadenas fueron rotas en Cuba; país donde el hambre, la miseria y la explotación no existen. Desde el triunfo de la revolución se planeó construir una sociedad donde la condición de ciudadano no se convierta en una forma de mercancía, donde la democracia no sea más un instrumento a través del cual una minoría explotadora ejerce su dominación.

Podemos identificar tres diferentes momentos de la Revolución Cubana. El primero se caracteriza por la existencia de un fuerte movimiento popular con la idea de liberación nacional como bandera. En la segunda etapa (1962) vemos el nacimiento de un nuevo estado que se autoproclama marxista-leninista y que encuentra en la Unión Soviética un aliado estratégico comercialmente hablando, pues en la misma etapa fue expulsado de la Organización de los Estados Americanos (OEA). Es también en este segundo periodo cuando el Estado cubano comienza a vivir una descentralización en varias de sus funciones. Luego del fracaso de los 10 millones de de toneladas de zafra en 1970[11], el gobierno de Cuba percibe los inconvenientes de los métodos burocráticos y del centralismo administrativo. Se inicia entonces la creación de la Asamblea Nacional del Poder Popular con el objetivo de descentralizar todas aquellas áreas en las que la autoridad municipal puede tomar decisiones sin que estas resulten opuestas o contradictorias a los intereses del Estado. Los municipios adquieren una autonomía que les permite administrar escuelas, centros de salud, servicios de transporte, carreteras y unidades de producción.     

La tercera etapa comienza con la crisis de la URSS, fenómeno que afecta directamente en la economía de la isla. Sin embargo este proceso también evidencia la fortaleza del sistema político cubano, pues quedó claro que no era un sistema importado, que es un producto de su propia historia y no una extensión del socialismo europeo. El discurso beligerante contra Cuba por parte del gobierno norteamericano también mutó en esta fase. El argumento de la “amenaza para la seguridad” fue sustituido por el de “promoción de la democracia”.

La democracia ejercida en Cuba tiene una fuerte perspectiva popular, en contraposición a la democracia electoral característica de occidente. Pero lo anterior no impide la realización de elecciones, las cuales refuerzan la legitimidad de esa democracia popular.

En Cuba todas las personas pueden votar y ser votadas cumpliendo los 16 años. Los candidatos son elegidos por los consejos populares (uno por cada barrio). Para cada puesto se proponen como mínimo dos candidatos y ocho como máximo. Para ser electo hay que recibir más del 50% de los votos. No existen campañas electorales. La labor de difusión realizada por las comisiones electorales. Se garantiza así la parcialidad y el trato equitativo de todos los candidatos.

El voto es libre, secreto y directo. El colegio electoral se encarga de realizar el escrutinio y desde hace por lo menos tres décadas siempre hay un gran número de ciudadanos cubanos, diplomáticos, periodistas y observadores extranjeros. Aunque el voto es voluntario, desde 1970 a la fecha se ha registrado la participación de más del 90% de la población en edad de votar. Ningún representante, diputado o delegado recibe un beneficio por desempeñar su cargo; el Estado les paga un salario exactamente igual al que tenían en sus trabajos antes de desempeñar su cargo, empleo al que regresaran una vez finalizado su mandato. La rendición de cuentas y el mandato revocatorio son un componente importante del sistema electoral.  

Una de las características de la sociedad cubana es su fuerte cultura del debate y el diálogo. Por las calles de la Habana o en las plazas públicas, pueden encontrarse a grupos de cubanos y cubanas discutiendo sobre varios temas. En las “guaguas” el silencio no existe. La gente interactúa, opina, y si no está de acuerdo, discute. Los tonos verbales llegan a ser muy altos. Un número amplio de cubanos se agrupa en distintas organizaciones, las cuales tienen peso importante en las decisiones del Estado.

SISTEMA POLÍTICO CUBANO

Organizaciones políticas

Organizaciones estatales

Organizaciones de masas y asociaciones

Partido Comunista Cubano (PCC)

 

 

 

 

 

Unión de Jóvenes Comunistas (UJC)

Asamblea Nacional del Poder Popular

   

    – Consejos populares

    – Asambleas municipales

    – Asambleas provinciales

 

Órganos de Gobierno

 

 

 

Institutos Armados

 

 

 

Órganos de Administración de Justicia

Central de Trabajadores de Cuba (CTC)

 

Federación Estudiantil Universitaria (FEU)

 

Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP)

 

Comités de Defensa de la Revolución (CDR)

 

Federación de Mujeres Cubanas (FMC)

 

Federación Estudiantil de Enseñanza Media (FEEM)

 

Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana (ACRC)

La idea de una sociedad democrática había sido un tema tabú para los grupos más ortodoxos del “socialismo burocrático”. Todo aquel que se atrevía a defender los principios democráticos era catalogado como “agente del imperialismo” o impulsor de la “democracia burguesa”. Cuba se fue moviendo en una dirección que parecería muy heterodoxa frente a las doctrinarias del “socialismo real”. Se entendió la necesidad de un nuevo socialismo, pero también y fundamentalmente, la urgencia de la democracia en el socialismo. Así, Cuba dio una lección para los movimientos armados o sociales que le siguieron: más que ajustarse a la doctrina, es necesario ajustar la doctrina a los hechos.

El programa ideológico que se impulsa y defiende desde la tierra de Martí ha sabido integrar y combinar en su proyecto elementos como la liberación, la democracia, la emancipación y el socialismo[12], pilares fundamentales en la construcción de un mundo más justo. Estos elementos, junto a la descentralización de la justicia y la administración, marcan una diferencia radical con el socialismo burocrático estalinista.  

III Los retos: sistema de partidos y relevo generacional.

“La Revolución tiene obstáculos por delante, no puede hacer las cosas a la perfección, tiene sus errores, pero la Revolución tiene un perenne propósito de superarse y rectificar aquellas cosas que no hayan acertado”[13], reconoció Fidel Castro desde los inicios de la revolución. El “hombre nuevo” del Che es un hombre que se equivoca, comete errores; su virtud radica en saber reconocerlos.

Hoy, cincuenta años después del triunfo de la Revolución, al Estado cubano se le plantean interrogantes como el sistema de partidos o la alternancia en el poder. Cierto es que estos puntos no garantizan una sociedad democrática. Aún así, pienso que el pueblo cubano se ha forjado una conciencia revolucionaria tan fuerte que hoy puede abrirse a estás “libertades políticas” y reforzar la legitimidad sus logros.

Hace apenas unos años esto era algo imposible: la amenaza constante de guerra le obligaba a poner ciertos candados en su sistema. Pero hoy, ante la nueva geopolítica y el posible cambio en la política exterior de EUA, son preguntas que la Revolución debe replantearse.

De igual forma, el relevo generacional y las nuevas relaciones sociales sacan a flote algunas contradicciones. Lo seductor de lasociedad de consumo también ha permeado en el pueblo de Cuba. La apertura mediática y el contacto con el turismo ha despertado en más de un cubano la curiosidad por la libertad del mercado. Las contradicciones propias de la revolución se presentan nuevamente.

Los cambios parecen impostergables y de cierta forma el Estado también ha seguido revolucionándose. Pero todos estos retos no son alcanzables si el embargo económico y la amenaza de guerra por los EUA siguen latentes. En esto depende Cuba de sus aliados internacionales: únicamente con la consolidación de los nuevos bloques que desde el sur se construyen, que garanticen una seguridad económica y política al exterior, nace la posibilidad de una mayor flexibilización del Estado cubano.

Cuba no es un modelo a imitar, pero si un referente del cual aprender, tanto de los triunfos como de los fracasos. Las revoluciones no se exportan, nacen y tienen características diferentes en cada país.

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EN CONTRA DE LA REVOLUCION CUBANA – Articulo de Carlos Montaner

Por Carlos Alberto Montaner.- 

Ignoro si Anna Cherubini existe, o si es el nombre real o el seudónimo de una comunista italiana que escribe al dictado de los servicios cubanos de inteligencia. Da igual. Lo importante no es la persona, sino lo que ha escrito. Es una muestra perfecta para explicar cómo funcionan las llamadas “medidas activas” contra los demócratas de la oposición desarrolladas por el Departamento Ideológico del Comité Central del Partido Comunista de Cuba dirigido por el coronel Rolando Alfonso Borges, versión caribeña de Joseph Goebbels.

El 17 de agosto pasado, en las páginas de TellusFolio, un exitososite italianocon motivo de la presentación en Italia de la traducción de mi novela La mujer del coronel (Edizioni Anordest), una persona que firma como Anna Cherubini me pide que responda un cuestionario (Le domande da fare a Montaner).

En realidad no se trataba de una legítima entrevista, sino de lo que los abogados llaman, en español, un intento de “asesinato de la reputación” y en inglés “character assassination”. No obstante, voy a responder extensamente el cuestionario y, al mismo tiempo, me gustaría que la señora Cherubini, o quienquiera que se esconda tras ese nombre, responda, a su vez, las preguntas que deseo hacerle.

En todo caso, para entender en qué consiste esta medida activa desarrollada por los servicios de inteligencia, muy utilizada por la Unión Soviética y sus satélites cuando existía el comunismo en Europa (no hay que olvidar que el gobierno de los Castro, y en especial el Ministerio del Interior, fueron modelados por el KGB y la Stasi en la década de los 60), a continuación sigue una definición escrita por el Dr. Juan Antonio Blanco, profesor e historiador quien era, hasta hace una década, analista del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, y hoy vive exiliado y al frente de un departamento de estudios latinoamericanos en el sur de la Florida. Dice Juan Antonio Blanco en la segunda edición del libro El otro paredón:

“El asesinato de reputación (character assassination) es un proceso deliberado y sostenido dirigido a destruir la credibilidad y reputación de una persona, institución, grupo social o nación.

Los promotores del asesinato de reputaciones para lograr sus fines emplean una combinación de métodos abiertos y encubiertos como son la formulación de acusaciones falsas, fomento de rumores y la manipulación de informaciones.

El asesinato de reputación persigue la finalidad de anular la capacidad de influencia de la víctima, silenciar su voz y lograr su rechazo por la sociedad. Al transformar a sus víctimas en no-personas las hacen vulnerables a abusos aún más graves como pueden ser la agresión física, el encarcelamiento, la expropiación de bienes, el destierro, asesinato e incluso genocidio de todo el grupo social al que pertenecen.

La propaganda nazi antisemita y el Holocausto que le siguió son el ejemplo más extremo de los peligros asociados con las campañas estatales de asesinato de la reputación. Cuando un gobierno se vale de ese recurso para justificar agresiones y abusos contra sus víctimas puede considerarse a esas campañas como una forma de terrorismo estatal. Por lo general, las masacres, crímenes de lesa humanidad y genocidios son precedidos por una campaña de este corte.

En el siglo XXI, con el arribo de las Web 2.0 y las redes sociales virtuales, la diseminación de falsedades se realiza de modo mucho más rápido y efectivo. Los prejuicios sociales sembrados contra la víctima terminan por arraigarse gradualmente en la memoria social colectiva y las personas —en especial las nuevas generaciones— los aceptan como la historia verdadera o la biografía real.

Con el paso del tiempo, las percepciones falsas que fueron deliberadamente fabricadas y difundidas por diversos medios de comunicación, pueden ser incluso incorporadas a los sistemas de educación, y se convierten en parte de la historia oficial que se acepta socialmente y resultan entonces difíciles de revertir”.

La ‘entrevista’ de Anna Cherubini

A continuación reproduzco las preguntas de la señora Cherubini enLe domande da fare a Montaner, así como mis respuestas:

Ya han pasado unos días desde que Gordiano Lupi moderó, el pasado viernes, en el marco incomparable de las islas Tremiti, la presentación de un libro de Carlos Alberto Montaner Suris. No pude asistir a este interesante evento, así que encomiendo a continuación a Tellusfolio las preguntas que quería hacerle al señor Montaner.

¿Cree usted que es éticamente aceptable que alguien que dice ser periodista reciba pagos regulares del gobierno de EE UU a través de la Oficina de Transmisiones a Cuba, para producir noticias negativas contra Cuba, como se descubrió en 2006?

Este escándalo llevó a la destitución de tres periodistas del diario The Miami Herald (Pablo Alfonso, Olga Connor, Wilfredo Cancio Isla) y se han puesto al descubierto las conexiones entre la administración de EE UU y los periodistas en el sur de Florida, incluyendo a Montaner, destinatario de miles de dólares.

El Nuevo Herald y The Miami Herald jamás me han pagado por publicar noticias negativas sobre Cuba. Son dos publicaciones serias y objetivas. Yo no hago esa clase de periodismo sectario, semejante al de Granma, que es el órgano de un partido político. Los dos diarios, en inglés y español, como muchos periódicos del mundo, compran y me pagan mi columna semanal.

Radio Martí es, como sucedía con Radio Free Europe, una emisora financiada por la sociedad norteamericana para burlar la censura totalitaria de los Castro. Es una reliquia de la Guerra Fría, sencillamente porque el gobierno de los Castro es una reliquia de la Guerra Fría. Esa entidad, como todos los medios en donde aparecen mis escritos, había contratado mi columna para que la leyera semanalmente. La columna podía ser sobre Cuba, la Unión Europea o sobre cualquier cosa, porque escribo a propósito de múltiples temas, y por esos artículos pagaban el mínimo que autorizan las normas (cien dólares). La razón por la que ellos me ofrecieron ese espacio para reproducir mis columnas, y por la que yo acepté pese a la ridícula remuneración que pagaban, era porque Cuba, mi país, es el único de América Latina en el que no aparecen mis columnas debido a la censura estalinista que allí impera. Era la única forma de compartir mis puntos de vista con mis compatriotas.

Tampoco es verdad que los periodistas de The Miami Herald que colaboraban con Radio Martí —como los que en Europa trabajan en otros medios y esporádicamente colaboran con la BBC o con Radio Exterior de España, ambos medios pagados con fondos públicos— resultaran expulsados del periódico. Quienes salieron del diario fueron el presidente de The Miami Herald, Jesús Díaz, como consecuencia del absurdo reportaje publicado, y el periodista autor de la información, Oscar Corral, este último por un penoso delito de carácter sexual en el que incurrió poco después.

Olga Connor cotinúa escribiendo en el periódico semanalmente. Pablo Alfonso y Wilfredo Cancio fueron readmitidos cuando se comprobó la injusticia que habían cometido con ellos, y luego decidieron marcharse. A mí, muy cordialmente, me llamó Humberto Castelló, director de El Nuevo Herald, para ofrecerme excusas y jamás dejaron de publicar mis columnas.

Radio Martí, por cierto, está obligado por la ley a mantener los mismos altos estándares informativos de La Voz de América, entidad que controla sus emisiones. En esos micrófonos no se puede mentir ni difamar, como hacen Granma y los otros voceros del régimen. Por eso, una parte sustancial del pueblo cubano escucha Radio Martí con la misma avidez que en época del Telón de Acero los pueblos sojuzgados por el comunismo escuchaban Radio Free Europe.

¿Cómo se justifican los contactos con el terrorista Juan Felipe de la Cruz, en julio de 1973 en Madrid?

Juan Felipe de la Cruz, autor del atentado realizado en Montreal en 1972 contra el diplomático cubano Sergio Pérez Castillo, murió en el Avrain Hotel, cerca de París, víctima de la bomba que se prepara para golpear la Embajada de Cuba, pocos días después de la reunión en España con Montaner, quien le dio un coche de alquiler, según lo confirmado por Orlando Bosch en su libro Los años que he vivido.

Yo no tengo absolutamente dada que ver con esos hechos. El Dr. Orlando Bosch, en su libro dice lo siguiente: “Acción Cubana recibió de su gente en Cuba informes confidenciales sobre la visita de un alto funcionario castrista a Francia. Se planeó un atentado. La misión fue encomendada a Juan Felipe de la Cruz, quien voló a Madrid y se trasladó a París en auto alquilado que le propició, sin conocimiento de causa, Carlos Alberto Montaner”.

¿Qué fue lo que realmente ocurrió? Algo que sucedía con alguna frecuencia. Muchos cubanos de Miami, como yo tenía cierta popularidad entre los exiliados, vivía en España y mi teléfono estaba en la guía, cuando viajaban a Madrid llamaban para pedir informaciones de cualquier tipo (hoteles, pensiones baratas, restaurantes, médicos, y hasta colegios para sus hijos). Pues bien, hace 40 años, creo recordar, alguien, presumiblemente el señor Felipe de la Cruz, invocando el nombre de un periodista amigo, llamó a mi oficina de Madrid para preguntar qué agencia alquilaba coches a buen precio. Como era habitual, lo atendí cortésmente y le pasé la llamada a mi secretaria, quien le dio los nombres y teléfonos de tres agencias, como solía hacer. Eso fue todo. Por ello el Dr. Bosch aclara que, el alquiler del auto lo “propició, sin conocimiento de causa, Carlos Alberto Montaner”. No tenía la menor idea de nada.

Dejémoslo claro: me repugna profundamente el terrorismo. Me parecía abominable cuando lo practicaba abundante y cruelmente el Movimiento 26 de Julio, la organización creada por Fidel Castro durante la lucha contra la dictadura de Batista (hubo noches en las que hicieron estallar cien bombas en La Habana), y me siguió repugnando cuando la oposición, en los primeros tiempos de la dictadura comunista, integrada casi toda por personas que procedían de la revolución, recurrió a ese método de lucha.

También, por supuesto, y en mayor medida, me resulta aún más injustificable el terrorismo de Estado practicado por el gobierno de Castro, cuando adiestra, ayuda y alienta a terroristas como el venezolano Carlos Ilich Ramírez, El Chacal, formado en Cuba y preso en Francia por numerosos crímenes, así como en el pasado hizo con los tupamaros uruguayos, los montoneros argentinos y los etarras españoles. Si es condenable que existan organizaciones terroristas, más lo es que existan gobiernos terroristas, como sucede con el de los Castro, que así figura en la lista que compila anualmente el Departamento de Estado norteamericano.

Si a la señora Anna Cherubini le interesan los vínculos de Bosch con otras personas que practican el terrorismo, no debe señalarme a mí, sino a Fidel Castro. Además, debe tener en cuenta la afectuosa relación que existió entre Bosch y Fidel Castro desde fines de los años cuarenta. Ambos fueron amigos y ambos militaron en la Unión Insurreccional Revolucionaria (UIR) que dirigía Emilio Tro. Por eso, Orlando Bosch, cuando triunfó la revolución en 1959, se convirtió en el coordinador del Movimiento 26 de Julio en la provincia de Las Villas y Fidel le ofreció el cargo de Ministro de Salubridad, distinción que no aceptó porque era, realmente, anticomunista.

De paso, como veo que tiene interés en los hechos de sangre originados en las riñas políticas cubanas, la señora Cherubini debe averiguar y contarles a los lectores italianos por qué en la época en que Fidel y Bosch eran amigos y militaban en la UIR, Castro trató de matar al estudiante Leonel Gómez (lo hirió por la espalda) el 12 de diciembre de 1946. Y por qué asesinó al sargento de la guardia universitaria Oscar Fernández Caral el 4 de julio de 1948, si éste no mentía al acusarle de dispararle, poco antes de fallecer. Asímismo, podía aclarar, de una vez por todas, la responsabilidad de aquel joven Fidel Castro en el asesinato del líder estudiantil Manolo Castro (no estaban relacionados) el 22 de febrero de 1948, entonces acusado de ser el autor intelectual del crimen.

Sin embargo, como italiana que es, o dice ser, o se supone que sea, si de verdad está interesada en el terrorismo y la violencia revolucionarias, acaso le interesará explorar las relaciones entre el aparato subversivo cubano y las Brigadas Rojas, y, sobre todo, el Gruppi di Azione Partigiana fundado por Giangiacomo Feltrinelli, un millonario comunista totalmente deslumbrado por la figura de Fidel Castro, como me contó el periodista italiano Valerio Riva, quien viajó a La Habana en los primeros tiempos de la revolución junto a Feltrinelli.

¿Cómo responde usted a quienes dicen que estaba al tanto de la preparación del asesinato del rector de la Universidad Centroamericana, el jesuita Ignacio Ellacuría, que tuvo lugar en noviembre de 1989 en Salvador? ¿Y cómo se explica el hecho de que, justo una semana antes, en el curso de un programa de Mercedes Mila, amenazó a Ignacio Ellacuría?

En noviembre de 2009, el diario español El Mundo informó que, de acuerdo a los documentos desclasificados de inteligencia de EE.UU. y la CIA y el CESID (servicio secreto español), sabían que el sacerdote salvadoreño Ignacio Ellacuría y cinco de sus compañeros serían asesinados por escuadrones de la la muerte del ejército salvadoreño.

Solamente la mala fe y la voluntad de difamar pueden llevar a Anna Cherubini —o sea, a los servicios secretos cubanos— a repetir una infamia que ya he desmentido con pruebas que están al alcance de cualquiera que busque en YouTube.

Mi debate con el jesuita Ignacio Ellacuría en el programa de Mercedes Milá ocurrió cinco años antes del monstruoso asesinato de éste y otros sacerdotes y colaboradores. Y fue un debate intenso, pero respetuoso, como correspondía a dos personas decentes. Por supuesto que no existió por ninguna de las dos partes la menor amenaza. Fue un simple intercambio vigoroso de ideas.

Es interesante analizar cómo el aparato de difamación del gobierno cubano monta la mentira que ahora repite Anna Cherubini: 1) aparece una información en un diario español que dice que los servicios de inteligencia de ese país sabían que iban a matar a Ellacuría el 16 de noviembre de 1989. 2) Con el mayor descaro, mienten y afirman que una semana antes del asesinato, yo había discutido con el sacerdote en la television y lo había amenazado de muerte. El gobierno cubano oculta que el debate había sucedido cinco años antes, y que en él, por supuesto, no había existido ninguna amenaza. 3) Hacen la afirmación canallesca de que, como yo vivía en España, sabía que los militares salvadoreños iban a matarlo y por eso lo amenacé.

Con lo que no contaba el aparato de difamación castrista es que existía una copia del debate que se puede ver en YouTube o en mi blog. No obstante, el gobierno de los Castro continúa repitiendo la mentira, como ahora ha hecho Anna Cherubini.

¿Cómo se definen las actividades dirigidas a bloquear las inversiones extranjeras en Cuba, como las visitas a las oficinas de las compañías extranjeras que operan en Cuba por los miembros de la PDC (Plataforma Democrática Cubana) y por el propio Montaner? ¿Es verdad que por ese tono amenazante Montaner fue expulsado de las oficinas de Tryp Hoteles? ¿Es cierto que Montaner y el PDC amenazaron con elaborar el “Salón de la Vergüenza”, una lista negra de las compañías extranjeras que operan en Cuba?

Jamás en mi vida he estado en las oficinas de Tryp Hoteles, así que es absolutamente falso que fui expulsado de ellas (ni siquiera sé dónde se encuentran). Por el contrario, hace unos años, unos ejecutivos de esa empresa, muy amablemente, me invitaron a cenar en Madrid para conocer mi opinión sobre estas inversiones de los hoteleros españoles o de cualquier nacionalidad en Cuba.

Tras escucharlos durante veinte minutos quejarse y burlarse de la realidad política cubana, les dije, y ahora reitero, que por dos razones fundamentales esas inversiones en hoteles pueden tener consecuencias penales, cuando se restablezca en Cuba la democracia.

La primera: las multiples violaciones de las normas establecidas por la Organización Internacional del Trabajo (OIT), institución a la que pertenecen tanto España como Cuba. En esa Isla, el Estado, de común acuerdo con su socio inversor extranjero, les confisca a los trabajadores el 95% del salario mediante un cambio de moneda tramposo, y le prohibe todos los derechos sindicales, comenzando por el de huelga. Eso constituye delito.

La segunda razón: la complicidad entre la gerencia extranjera de esos hoteles y las actividades ilegales de espionaje a que someten a muchos de los huéspedes. La cadena Tryp, Meliá y el resto de los empresarios hoteleros son cómplices en la colocación de cámaras de video y grabadoras de audio en las habitaciones, y saben que entre sus empleados hay policías dedicados a esos menesteres. Incluso aplicando la propia ley cubana actual, esas actividades son ilegales.

Téngase en cuenta que no se trata de empresarios que invierten en países controlados por dictadores, sino de empresarios que se asocian con la dictadura para ganar dinero sin importarles los derechos de los trabajadores o la intimidad de las personas que utilizan sus servicios. Si en Madrid o en Roma un hotel oculta micrófonos o cámaras en las habitaciones de los huéspedes, los responsables de ese delito pueden acabar en la cárcel y resultar severamente multados.

Lo que entonces les dije a los hoteleros de Tryp, en el tono cordial que suelo utilizar, porque me pidieron mi opinión, es que esa colaboración es profundamente inmoral, y les recordé lo que les sucedió en Alemania a empresas como Bayer, Krupp y Volkswagen por colaborar con la dictadura nazi: además de pedir perdón públicamente por lo que ahora llamaríamos “irresponsabilidad moral coorporativa”, hasta hace unos años estuvieron pagando altas multas por su comportamiento contrario a la ética.

¿Está de acuerdo de haber apoyado, como admitió (“… porque nos detuvieron casi en el momento en que planeábamos ayudar a las guerrillas campesinas de las montañas del Escambray…”, en Havana Journal, 16 de agosto de 2005), el trabajo de las bandas terroristas que aterrorizaron a la Sierra del Escambray en los años 60 y que cometieron crímenes atroces como el del alfabetizador Manuel Ascunce Domenech?

1960. Situémonos en Cuba. Apenas ha pasado un año de la fuga de Batista y ya se ha constituido una dictadura comunista. La revolución, hecha para restaurar la libertad, ha sido traicionada por Fidel Castro. Todos los periódicos, medios de comunicación y escuelas privadas fueron confiscados por el Gobierno en los primeros 18 meses. Sorpresivamente, Fidel entregaba la revolución a la Unión Soviética y calcaba esa manera siniestra de organizar la sociedad. La diversidad, incluso el homosexualismo, se convertía en un crimen. Cualquier crítica se pagaba con la cárcel. En ese momento, ya había unos 19.000 presos politicos en el país y no cesaban los fusilamientos.

Ante esa traición, numerosos revolucionarios que habían luchado contra Batista, vuelven a tomar las armas contra la nueva dictadura. En las montañas del Escambray, en el centro de la Isla, se produce una verdadera rebelión campesina dirigida por el comandante Plinio Prieto, el capitán Porfirio Remberto Ramírez, presidente de los estudiantes de la Universidad de Santa Clara y el comandante Evelio Duque.

Todos son oficiales del ejército revolucionario que derrocó a Batista. Quieren y piden democracia. Han visto con horror cómo apresaron y condenaron a 20 años de cárcel al comandante Huber Matos, uno de los héroes de Sierra Maestra, por escribirle una carta privada a Fidel Castro denunciando la entronización del comunismo.

El ala democrática del primer gobierno de la revolución, tiene que huir del país o esconderse para volver a la lucha. El Dr. Manuel Urrutia, primer presidente de la revolución, debe buscar refugio en una embajada junto a toda su familia. Se sabe que hay poco tiempo para evitar que la dictadura de corte estalinista arraigue en el país. Todas las universidades se convierten en focos de conspiraciones contra la nueva tiranía.

Es en ese contexto en el que yo, a los 17 años, hace más de medio siglo, junto a un grupo de estudiantes, como hicimos miles de muchachos, nos integramos a la Resistencia, como hicieron los franceses o los italianos honorables y patriotas contra los nazis y los fascistas.

Fue en ese contexto en el que planeábamos ayudar a las guerrillas campesinas del Escambray para evitar la tiranía que se cernía sobre el país y rescatar la democracia negada por Castro pese a sus previas promesas.

Lamentablemente, los cuatro amigos (entre miles de estudiantes que conspiraban) fuimos apresados y condenados a largas penas. A uno de ellos, a Alfredo Carrión Obeso, lo asesinaron los guardias en la cárcel. Yo logré escaparme al poco tiempo de haber sido apresado.

No dudo que algún grupo guerrillero antitotalitario haya cometido excesos condenables, pero los fusilamientos en masa de los detenidos los cometía el Gobierno. Como me contó un médico, oficial del ejército de Castro que luego desertó en España, mataban inmediatamente a los prisioneros de un tiro en la cabeza, para abrirles rápidamente el estómago y los intestinos con el objeto de averiguar cómo se alimentaban.

En el Escambray, en efecto, hubo crímenes lamentables. De cada 100 crímenes, 99 los cometió la dictadura. Esta historia ya le he contado en alguno de mis libros.

Estas son las preguntas que me gustaría hacerle al señor Montaner. Una vez dicho esto, me pregunto: ¿le compraría un coche usado a este hombre? Un coche que no lo sé, pero no es un libro!

Mis preguntas a Anna Cherubini

Este final de la señora Cherubini sirve para demostrar, con sus palabras, por qué miente y difama, por qué intenta asesinar mi reputación: su propósito —que es el de la policía política cubana— es intentar impedir que se publiquen o se lean mis libros o los escritos de cualquier demócratas de la oposición. A eso se dedican las dictaduras totalitarias: a censurar, a impedir que las personas se expresen libremente. En eso consiste el “asesinato de la reputación”. Afortunadamente, es inútil. Un día los pueblos derriban los muros.

Por último, en vista de que yo he respondido las preguntas de la señora Anna Cherubini —o de quien las haya formulado—, me gustaría que en justa reciprocidad me respondiera las mías. Son muy sencillas:

1)  ¿Por qué en Cuba, después de 53 años de dictadura de partido único, no se les pregunta a los cubanos, como proponía Oswaldo Payá, si quieren seguir con ese fallido sistema, o si prefieren un modelo de Estado multipartidista en donde haya diversas opciones, como existe en las 20 naciones más prósperas del planeta y, además, en toda América Latina?

2)  ¿Por qué los cubanos no pueden organizarse y reunirse libremente para defender las ideas y los intereses que comparten? ¿Por qué no pueden crear sindicatos que no dependan del Estado-patrón? ¿Por qué no pueden escribir y debatir sus ideas y propuestas con libertad?

3)  ¿Por qué los cubanos no pueden leer los libros y los diarios que desean, o escuchar las emisoras internacionales de radio que les plazca, o tener antenas parabólicas para ver televisión de otros países, o acceder libremente a internet? ¿No han bastado 53 años de adoctrinamiento y pensamiento único, infligidos a tres sucesivas generaciones de cubanos, para convencerlos de las bondades de un sistema que tiene que dedicarse a ocultar la realidad exterior como mecanismo de defensa?

4)  ¿Por qué los cubanos no pueden entrar y salir libremente de la Isla, sin necesidad de permisos? ¿Son esclavos o menores de edad?

5)  ¿Por qué se les niega a los cubanos la posibilidad de enriquecerse con el producto de su esfuerzo, como se autoriza a los extranjeros? ¿Por qué los cubanos talentosos, capaces de crear riqueza si los dejaran, no pueden aspirar a vivir con las comodidades con que viven, por ejemplo, Raúl Castro o Ramiro Valdés?

Si Anna Cherubini no desea o no puede responder estas preguntas, tal vez el coronel Rolando Alfonso Borges se anime a hacerlo. Al fin y al cabo, en su condición de Jefe Ideológico del Comité Central del Partido Comunista de Cuba no solo le corresponde la tarea vil de intentar asesinar la reputación ajena. Entre sus funciones está defender la maltrecha reputación de la revolución. Aquí tiene una oportunidad de hacerlo.

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